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Mónica Tiezzi: color, alma y libertad creativa

En esta entrevista exclusiva, Mónica Tiezzi nos invita a recorrer su universo artístico desde lo más íntimo. La artista comparte su proceso creativo, su conexión con el color y su visión de la felicidad, con una sensibilidad que también dialoga con las palabras de Kandinsky, uno de los referentes del arte abstracto que más la inspiran.

¿Qué es lo primero que aparece cuando piensas en arte?
Una sensación física. Es algo que me recorre el cuerpo. A veces es impulso, otras veces es silencio. Pero siempre está ese llamado a traducir lo invisible en forma. Kandinsky decía: “El color es la tecla, el ojo es el martillo, el alma es el piano con muchas cuerdas.” Y yo lo siento así: cuando pinto, algo interno empieza a vibrar, como si el color tocara partes de mí que ni yo conocía.

¿Cómo es tu proceso creativo?
Lo vivo como un ritual. Prendo una vela, pongo música, limpio el espacio. Es un momento sagrado. No empiezo con una idea cerrada; me dejo llevar por lo que el cuerpo necesita decir. Me apoyo mucho en la intuición. Dejo que el gesto aparezca, que la materia hable, que el color me guíe.

¿Qué lugar ocupa la felicidad en ese proceso?
La felicidad aparece cuando logro estar completamente presente. Cuando no pienso, cuando no hay juicio. Cuando me permito simplemente ser. A veces es un segundo, a veces dura horas. Pero ese instante en que siento que estoy en sincronía con lo que hago… es felicidad pura.

¿Y el color? ¿Cómo te relacionas con él?
El color es emoción. Es lenguaje. Es presencia. Cada tono tiene una energía distinta. Hay días que los colores me gritan, otros en los que susurran. Como decía Kandinsky, el color tiene una vida interior. Y para mí, esa vida se revela en el gesto. No lo elijo desde la cabeza, sino desde el cuerpo y el alma.

¿Qué descubriste de vos misma a través del arte?
Que puedo confiar en lo incierto. Que la búsqueda también es parte del camino. Que no hace falta entender todo para crear algo verdadero. El arte me permite abrazar lo imperfecto y encontrar belleza en lo inesperado. Me da fuerza, me da libertad.

¿Qué te inspira a seguir creando?
La necesidad de decir sin explicar. El deseo de compartir una emoción profunda. Y también, el poder de lo simbólico. Cada obra es una huella de un momento interior. Cuando alguien conecta con eso, se produce una magia que me conmueve profundamente.

¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a crear y no se anima?
Que no espere el momento perfecto. Que no se preocupe por el resultado. Que empiece con lo que tenga, con lo que sienta. El arte no está afuera, está dentro. Solo hay que animarse a escucharlo.

¿Qué te hace una mujer feliz hoy?
Sentirme en coherencia. Vivir desde lo que soy. Crear sin miedo. Compartir mi obra con otros. Y sobre todo, tener la posibilidad de transformar lo cotidiano en algo sagrado. Esa es mi forma de ser feliz.

✨ “Cada obra es un acto de libertad. Una vibración del alma. Y ahí, en ese instante donde el color y el gesto se funden, también aparece la felicidad.”

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