Crítica – Vamo’ los Pibes
Multiteatro
Vamo’ los Pibes es una comedia entrañable que, bajo el ropaje del humor y la picardía porteña, pone el foco en una herida social profunda: el lugar que la cultura le asigna a los adultos mayores. Federico Palazzo, autor y director, construye un espectáculo sensible y necesario, donde la risa funciona como puente hacia la emoción y la reflexión.
La obra se sostiene en una idea tan simple como poderosa: la amistad no se jubila. Mingo, Barilatti, el Tano y Ernesto son personajes atravesados por la pérdida —del trabajo, del cuerpo, de la audición, de los sueños postergados— pero también por una vitalidad que se resiste al descarte. En ese recorrido, la puesta logra equilibrar ternura y humor sin caer en el golpe bajo.
El cuarteto protagónico brilla. Osvaldo Laport aporta carisma y liderazgo natural; Raúl Lavié conmueve con un Ernesto silencioso, donde el tango parece latir incluso en la sordera; Antonio Grimau compone un Mingo de una humanidad desarmante; y Osvaldo Santoro completa el grupo con solidez y verdad escénica. La química entre ellos es uno de los grandes aciertos del espectáculo.
La dirección de Palazzo es precisa y amorosa: sabe cuándo dejar respirar las escenas y cuándo apelar al ritmo de la comedia clásica. La música original, el diseño escenográfico y la iluminación acompañan con inteligencia, sin opacar el centro emocional de la historia.
Vamo’ los Pibes es una obra que hace reír, emociona y deja pensando. Un homenaje a la amistad, a las segundas oportunidades y a esos sueños que, aun con bastón o audífono, siguen pidiendo pista. En tiempos de velocidad y olvido, este espectáculo recuerda que la ternura también puede ser un acto de resistencia. 🎭✨
