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Kinzen: un Refugio Urbano donde el Té es un Ritual

En el frenético ritmo de Buenos Aires, donde el reloj parece dictar nuestras vidas, encontrar un rincón para detenerse es un acto de resistencia y bienestar. Patricia García, Socia Fundadora y Directora Ejecutiva de Kinzen, comprendió esta necesidad y creó mucho más que una casa de té: diseñó un bálsamo. Inspirada en la sabiduría milenaria de Oriente y en la magia de las pausas conscientes, Patricia nos abre las puertas de este refugio urbano donde el té no es solo una bebida, sino un ritual, y donde el jardín, con su energía singular, nos invita a reencontrarnos con nuestra propia calma. Conversamos con ella sobre este espacio:

¿Cómo nace Kinzen? ¿Qué fue lo que te llevó a crear este espacio?
Kinzen nació como un proyecto que apunta a dar a conocer el universo del té y el bienestar que existe a su alrededor. Junto con mis socios, quienes también están sumergidos en este mundo, sentimos la necesidad de crear un espacio en donde el ritmo de la ciudad se desacelera; un lugar donde las personas puedan encontrar momentos de pausa reales para descansar y sentirse en calma. La idea fue justamente esa: crear un bálsamo en plena ciudad para nuestra rutina diaria, donde uno pueda hacer una pausa, respirar distinto y reconectar con esas cosas simples que a veces se pierden en el día a día, siempre acompañados de una buena taza de té y algo rico.

El lugar tiene una impronta muy fuerte de cultura oriental, ¿Cómo aparece esa influencia?
La cultura oriental siempre fue una gran fuente de inspiración y admiración para nosotros, porque son los referentes indiscutidos en la cultura y el consumo de té. En Argentina siempre conocimos lugares para tomar el té al estilo inglés, algo lógico porque nuestra cultura occidental está mucho más vinculada a esa idiosincrasia y a esas costumbres. Nosotros en Kinzen buscamos rescatar un poco de las tradiciones orientales y de su
materia prima de primerísima calidad; costumbres que están más arraigadas a tomar el té como una forma de vincularse de manera mucho más profunda con un entorno que acompaña la calma necesaria para disfrutar de una linda charla o, simplemente, de un momento de contemplación.
Por otro lado, la cultura oriental es tan rica como diversa y este espacio abre las puertas a actividades que se relacionan justamente con eso: la conexión con uno mismo y con el otro. Buscamos que aquí se pueda detener el tiempo; y simplemente dedicarse a crear una obra
de arte, practicar cerámica, Haiku, Sashiko o, tal vez, realizar una meditación contemplativa con una taza de té entre las manos.

El jardín es uno de los elementos que más llama la atención, ¿Qué representa para vos?
El jardín fue un espacio clave a la hora de elegir el lugar; de hecho, para mí es casi el corazón de Kinzen. Está pensado como un oasis en medio de tanto cemento, un pulmón de aire puro, silencio y naturaleza. Dentro de ese entorno, el espacio del Tsukubai fue creado por Yasuo Inomata, aportando una pieza muy especial que invita a la contemplación. Tiene algo muy particular porque no busca impresionar, sino acompañar; te va llevando a otro estado de ánimo casi sin que te des cuenta. Es ideal para los días cálidos, pero también para estas tardes otoñales en donde los árboles empiezan a cambiar su composición y tomar un té con una de nuestras tortas se convierte, sin dudas, en el mejor plan del día.

El té tiene un rol muy importante en la experiencia, ¿Cómo lo pensaron?
El té en Kinzen no es solo una carta o una oferta gastronómica, es más bien un ritual. Está pensado bajo la filosofía de las culturas china o japonesa, con la idea de que a la hora de prepararnos un té podamos detenernos, hacerlo con calma y compartirlo para que surja una charla sin apuro. Este ritual está acompañado por una carta gastronómica acotada, pensada para ofrecer sabores saludables donde el disfrute y el bienestar se entrelazan. El ritual invita a generar una ceremonia meditativa donde sucede algo muy profundo cuando uno realmente se toma el tiempo. El arte del té está en hacerlo despacio: es una meditación con aromas, ritmo y sabor; una pausa hermosa y la puerta a un mundo fascinante por descubrir.

Además de la gastronomía, Kinzen también propone talleres y actividades, ¿Por qué decidieron sumar esa parte?
Desde el principio no queríamos que Kinzen fuera solo un lugar para venir a tomar algo y nada más. La intención era que tuviera vida propia. Por eso aparecen los talleres, el arte y disciplinas como el Ikebana, Sumi-e, el bordado Sashiko o la cerámica. Son propuestas que
invitan a explorar otras formas de expresión y de conexión. En este espacio buscamos conectar con nosotros mismos, pero también con otros, a través de herramientas que nos nutran y enriquezcan el espíritu. Además, queremos que sea un espacio de encuentro donde se priorice a la persona, en el que nuestros artistas puedan desarrollar proyectos colaborativos e integrar a la comunidad en estas iniciativas, generando experiencias compartidas alrededor del arte y el té.

¿Qué lugar sentís que ocupan hoy este tipo de espacios en la ciudad?
Creo que cada vez son más necesarios, pero no desde un lugar de “escaparse”; de la ciudad, sino de encontrar otra forma de habitarla. Hacen falta espacios donde no todo sea consumo rápido, sino donde puedas quedarte un rato sin hacer demasiado y que eso ya
sea suficiente. Buscamos que Kinzen sea un lugar pensado para todos y que encuentren en esta casa de té un punto de encuentro entre vecinos, amigos y todos aquellos que busquen experiencias distintas, cercanas y humanas.

Si tuvieras que definir Kinzen en una sola idea o sensación, ¿cuál sería?
Pausa. Sin dudas, la pausa es lo que mejor representa a Kinzen.

¿Qué te gustaría que se lleve alguien después de visitarlo?
Me gustaría que se lleven una sensación de calma; no algo grandilocuente, sino algo chiquito pero real: haber podido hacer una pausa aunque sea por un rato. Sentir que el día se hizo más liviano y que recuperaste el aliento después de tanto movimiento. También me gustaría que puedan descubrir el mundo del té desde otro lugar: desmitificando la idea de que se toma solo cuando uno se siente mal. El té aporta energía, prevención,
sabor, comunión y paz. Es un universo que aún es poco conocido entre los argentinos, pero que estoy segura de que, poquito a poco, los va a maravillar.

Si buscas un espacio donde el tiempo se detiene para que vos puedas volver a empezar, Kinzen te espera. Porque, como bien dice su creadora, una pausa real no es solo un descanso, es el primer paso para volver a conectar con lo que realmente importa.

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